Recordáis cuando los niños cabalgaban sobre las olas del mar de Aral

Hace poco tiempo, el pasado verano, Roberta AA leyó las alarmantes noticias que denunciaban la desaparición del mar de Aral, un mar interior, situado en Asia Central, entre Kazajistán y Uzbekistán.  Contempló las fotos hechas con el instrumento MODIS a bordo del satélite Terra de la NASA, instántaneas que evidenciaban una de las mayores catastrofes medioambientales acaecidas en la historia reciente: la desaparición de este gran mar interior que antaño tuvo una superficie de 68.000 kilómetros cuadrados y era el cuarto lago más grande del mundo. Hoy se ha reducido un 90% y su recuperación parece imposible. También comprobó leyendo la entrevista del fotógrafo checo Radek Skrivanek que el caso del Aral no era único, otros lagos y ríos de mundo corrían la misma suerte, se estaban secando, huían y dejaban desertizadas las playas que antaño hacían las delicias de los bañistas y en las que abundaba la flora y la fauna.

¿Dónde han ido las olas que surcaban los niños? ¿Dónde están los peces, los enamorados, las puestas de sol o las gaviotas? ¿Dónde se fueron los pescadores, las fábricas de conservas, las lonjas, los puertos?, narra la voz del actor Ben Kingsley en el documental Aral, el mar perdido dirigido por Isabel Coixet, para la Fundación We Are Water “El mar de Aral era una mancha de azul cobalto en el mapa de las viejas escuelas, una mancha que comenzó a hacerse más pequeña, más pequeña, más pequeña hasta que un día fue la sombra de lo qué había sido”, recita Ben Kingsley en este hipnótico documental. Ya no huele a salitre y a brea, y la zona antaño floreciente gracias a la pesca y las fábricas de conservas que se exportaban a todo el mundo, es hoy un lugar desértico y triste, una ruina. Los habitantes de mediana edad comentan que sus hijos les llaman locos cuando les cuentan que allí un día hubo un mar.

Fotografía Radek Skrivanek
Fotografía Radek Skrivanek

Las autoridades soviéticas afirmaron en los años 60 que hacia falta algodón. Y se plantaron campos de algodón. Para ello desviaron los ríos Amu Daria y Sir Daria que desembocaban en el mar de Aral tras recorrer más de 2000 km, para regar grandes extensiones de campos de algodón, siguiendo los afanes de autoabastecimiento del imperio soviético. Hicieron las canalizaciones con materiales de mala calidad y rápidamente y el 70% de sus caudales se perdió. Este fué el comienzo del fin para el Mar de Aral. Durante mucho tiempo el mar no recibió agua y empezó a evaporarse. Además el fondo marino comenzó a transformarse en una costra de sal y arena en la que se murieron las especies marinas y que está provocando muchas enfermedades crónicas en la población. El aire de la zona se ha contaminado con los fertilizantes y pesticidas que se utilizan para aumentar la productividad de los cultivos de algodón. Se trata de una de las áreas con más polución del planeta y con los índices más altos de malformaciones y cánceres. A esta insalubridad han contribuido los laboratorios químicos secretos que los soviéticos instalaron en las islas del Aral y que fueron abandonados cuando el mar se secó, a toda prisa, y sin las necearias medidas de seguridad.

Fotografía Radek Skrivanek
Fotografía Radek Skrivanek

 En el film de Isabel Coixet un hombre asegura que el mar volverá. Existe una leyenda -asegura- que dice que el mar de Aral se secó tres veces y siempre vuelve. Menos optimista es Radek Skrivanek, fotógrafo checo residente en Estados Unidos, que capturó con su cámara el desertico mar. Skrivanek asegura que lo único que podremos salvar es una mínima parte de su zona norte, y que para ello habría que permitir que las aguas que alimentaron el antiguo mar volvieran a fluir. Con sus fotos Radek quiere contar la historia de lo que fue y es el mar de Aral y cree que este caso es una metáfora sobre la actitud humana hacia su entorno, un caso más de la ancestral lucha que sostiene el hombre y la naturaleza.

Fotografía Radek Skrivanek
Fotografía Radek Skrivanek

Roberta mira las fotografías del presente, esos barcos abandonados que duermen en la arena, esas poblaciones prósperas que hoy son una ruina, y esos habitantes que siguen soñando con volver a pasear por la orilla del mar mirando como sus hijos nadan entre las olas. Toda esta desolación para que Uzbekistán se convierta en uno de los mayores productores de algodón del mundo. Este desastre ecológico para que podamos seguir viestiéndonos. ¿Merece la pena?

Fotografía Radek Skrivanek
Fotografía Radek Skrivanek

“Los sueños varían con cada hombre, pero la realidad del mundo es nuestra patria común”

Albert Camus

 Aral, el mar perdido de Isabel Coixet

We Are Water Foundation

Fotografías Radek Skrivanek

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