El estilo que es sostenible: una nueva fórmula de fast-fashion

La ropa moderna y asequible ha sido un éxito entre los compradores. Ahora las empresas tratan de reducir sus costos sociales y ambientales.

Foto Portada: Fábrica textil de fast fashion. Imagen Cortesía de McKinsey&Company.

Por el equipo Slow Fashion Next.

El siglo XXI ha sido bueno para la industria de la confección. Gracias a la caída de los costos, las operaciones simplificadas y el aumento del gasto de los consumidores, la producción de ropa se duplicó de 2000 a 2014, y el número de prendas compradas cada año por el consumidor promedio aumentó un 60%. La moda rápida ha sido un segmento particularmente caliente y una fuente de crecimiento envidiable para algunas empresas de moda. Mediante la reducción de los ciclos de producción y la aparición de los diseños inmediatos, estas empresas han permitido a los compradores no sólo ampliar sus armarios, sino actualizarlos rápidamente. Con la mayoría de prendas de vestir, los consumidores las mantienen la mitad de tiempo que 15 años atrás. Algunas estimaciones sugieren que tratan las prendas de menor precio casi como desechables, descartándolas después de apenas siete u ocho puestas.

Sin embargo, el hecho sigue siendo que la innovación en la manera que se hacen las prendas de vestir, no sigue el ritmo acelerado de cómo se diseñan y comercializan. El fast fashion ahora es un negocio grande y sofisticado alimentado por un sistema de producción fragmentado y de baja tecnología. Este sistema tiene grandes efectos ambientales: la confección de las prendas normalmente requiere el uso de mucho agua, productos químicos y emisión de grandes cantidades de gases de efecto invernadero. En los informes siguen apareciendo los trabajadores de las fábricas de ropa. Están mal pagados y expuestos a condiciones inseguras, incluso mortales, en su lugar de trabajo, particularmente cuando manejan materiales como el algodón, el cuero o que requieren un procesamiento extenso. Sin mejoras en cómo se hace la ropa, estas publicaciones crecerán conforme más prendas se produzcan.

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Una de las muchas consecuencias del fast fashion. Imagen del documental “The True Cost”

Hasta ahora, los aumentos en las ventas sugieren que la mayoría de los compradores pasan por alto o toleran los costos sociales y ambientales del fast fashion. Pero algunas empresas no esperan una reacción de los consumidores. Ya han comenzado a remediar el impacto, en gran parte invisible, del fast fashion. En este artículo, consideramos cómo las empresas de prendas pueden resolver los retos en dos grandes segmentos de su cadena de valor: las demandas de recursos pesados y las cuestiones difíciles del proceso de producción, y el exceso de residuos asociados con el desecho de los vestidos pasados de moda o ya desgastados.

Fast fashion, las graves consecuencias

Las ventas de prendas de vestir han aumentado dramáticamente en los últimos años gracias a varias tendencias que probablemente continúen. Las empresas han reducido y racionalizado los costos agresivamente en sus cadenas de suministro. Esto ha hecho que el precio de la ropa caiga en relación con los precios de otros bienes de consumo (Figura1). Los plazos más cortos para la producción también han permitido a los fabricantes de ropa introducir nuevas líneas con más frecuencia. Zara ofrece 24 coleccionas nuevas de ropa cada año; H&M ofrece de 12 a 16 y las actualiza semanalmente. Entre todas las empresas europeas de confección, el número medio de colecciones de prendas de vestir se ha duplicado, de dos al año en 2000 a unas cinco al año en 2011.

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Figura 1. El lento aumento de los precios de la ropa, en comparación con otros bienes de consumo, ha hecho que la ropa sea más asequible

Los compradores han respondido a los precios más bajos y a una mayor variedad al comprar artículos de ropa. El número de prendas producidas anualmente se ha duplicado desde 2000 y superó los 100 billones por primera vez en 2014. Casi 14 prendas de vestir para cada persona de la Tierra. Mientras que el crecimiento de las ventas ha sido sólido en todo el mundo, las economías emergentes han visto grandes aumentos en las ventas de ropa, ya que más personas pertenecen ahora a la clase social media. En cinco grandes países en vías de desarrollo –Brasil, China, India, Méjico y Rusia– las ventas de prendas de vestir crecieron ocho veces más rápido que en Canadá, Alemania, Reino Unido o Estados Unidos.

Las ventas globales de ropa podrían aumentar significativamente si los consumidores de los países en vías desarrollo deciden comprar más ropa en medida que aumenta su poder adquisitivo. Estimamos que, si el 80% de la población de las economías emergentes lograse los mismos niveles de consumo de ropa que el mundo occidental para 2025, la huella medioambiental de la industria textil no podrá ser más eficiente. (Figura 2)

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Figura 2. A medida que aumenta el gasto de los consumidores, especialmente en las economías emergentes, el impacto medioambiental de la industria de la moda crecería.

Hasta ahora, las empresas de confección no han sido capaces de igualar sus ganancias de ventas con las mejoras en el desempeño ambiental y social. El algodón, que representa aproximadamente el 30% de todo el consumo de fibra textil, generalmente se cultiva utilizando una gran cantidad de agua, pesticidas y fertilizantes. Dado que los países con grandes industrias de fabricación de tejidos y prendas de vestir dependen principalmente de combustibles fósiles para la producción de energía, estimamos que hacer 1kg de tela genera un promedio de 23kg de gases efecto invernadero.

Además, muchas empresas de ropa enfrentan problemas con las condiciones laborales en todas sus cadenas de suministro, incluyendo el trabajo infantil, salarios bajos o riesgos para la salud y la seguridad. Eliminar estos problemas exigirá que las empresas midan el desempeño de la sostenibilidad en toda la cadena de suministro, establezcan metas de mejoras, ayuden a los proveedores a reducir su impacto y responsabilicen a los proveedores.

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Trabajadora en una fábrica de fast fashion – Imagen Cortesía de Plaid Zebra.

El impacto de la sostenibilidad de la ropa sigue aumentando después de que los consumidores abandonen la tienda con prendas recién compradas. Lavar y secar 1kg de ropa a lo largo de todo su ciclo de vida, utilizando los métodos usuales, genera 11kg de gases de efecto invernadero. Según nuestras estimaciones una gran cantidad de compañías podrían reducir esos gases cambiando tejidos y diseños de las prendas de vestir. Las opciones posteriores a la compra que toman los consumidores, tales como lavar la ropa en agua fría, templada o caliente también hacen una gran diferencia.

Cuando se trata de deshacerse de la ropa, las tecnologías actuales no pueden convertir de manera fiable la indumentaria no deseada en fibras que podrían utilizarse para fabricar nuevos productos. Los métodos de reciclaje como la trituración o la digestión química funcionan mal. Y no hay mercados lo suficientemente grandes para absorber el volumen de material que se obtendría de reciclar la ropa. Como resultado, casi tres quintas partes de toda la ropa producida termina en incineradores o vertederos al año de haber sido fabricados. Alemania supera a la mayoría de los países en cuanto a la recogida de ropa usada, hasta tres cuartas partes, reutilizando la mitad y reciclando una cuarta parte. En otros lugares, las tasas de recaudación son mucho más bajas: 15% en Estados Unidos, 12% en Japón y 10% en China.

Un diseño sostenible para la cadena de valor del fast fashion

La mitigación del impacto del fast fashion requerirá acción en toda la industria. Algunas empresas de moda han formado coaliciones para enfrentar juntas los desafíos ambientales y sociales, lo que ayuda a acelerar el cambio y a mitigar los riesgos de trabajar sólo en ese desafío. Por ejemplo, 22 marcas de ropa pertenecen a una coalición llamada Cero Descarga de Productos Químicos Peligrosos, (Zero Discharge of Hazardous Chemicals), para mejorar y expandir el uso de no tóxicos, químicos sostenibles en la cadena de suministro textil y de calzado. La iniciativa Better Cotton involucra a más de 50 minoristas y marcas, y unos 700 proveedores en el establecimiento de estándares de responsabilidad ambiental, social y económica en la producción del algodón.

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El proceso Zero Discharge of Hazardous Chemical

Algunas empresas de moda han comenzado a afrontar los retos de la sostenibilidad por su cuenta. H&M y Levi’s se han asociado con I:CO para recolectar ropa y calzado para su reutilización y reciclaje. I:CO proporciona contenedores, clasifica los artículos para que cualquier cosa que se pueda usar pueda ser vendida, y recicla lo que puede. Patagonia no sólo recoge ropa usada en sus tiendas y a través del correo, sino que también ofrece servicios de reparación para que sus clientes puedan alargar la vida de sus prendas. Y la cadena C&A, reconociendo los efectos medioambientales de la agricultura del algodón, tienen como objetivo comprar sólo algodón orgánico para 2020.

Estos son algunos pasos adicionales que las empresas pueden tomar para eliminar algunos de los riesgos sociales y ambientales que, normalmente, forman parte del modelo de fast fashion:

– Desarrollar normas y prácticas para diseñar prendas que puedan ser fácilmente reutilizadas o recicladas. Sustainable Apparel Coalition ha creado un índice para medir el impacto total del ciclo de vida de los productos de ropa y calzado.

– Invertir en el desarrollo de nuevas fibras que reduzcan los efectos ambientales de la producción y confección. En 2016, la Fudación Walmart otorgó donaciones de casi 3 millones de dólares a cinco universidades estadounidenses para apoyar la investigación sobre la mejora de la sostenibilidad y la eficiencia de la fabricación textil.

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Convocatoria 2016 de la Fundación Walmart Méjico.

-Animar a los consumidores a cuidar de una manera con bajo impacto. Lavar las prendas en agua caliente o templada implica consumir mucha energía. Los fabricantes de ropa y los minoristas pueden ayudar a dirigir a los consumidores hacia unas prácticas de cuidado de la ropa que tengan un daño ambiental menor, o mantener las prendas en buen estado por más tiempo.

– Apoyar el desarrollo de tecnologías de reciclado mecánico y químico. Las fibras producidas por reciclado mecánico, por ejemplo, son más cortas y de menor calidad que las fibras vírgenes y, por tanto, menos útiles para los fabricantes de ropa. El reciclaje químico podría mejorar a medida que avanza la tecnología.

– Establecer normas laborales y medioambientales más estrictas para los proveedores y establecer mecanismos para hacer más transparentes las cadenas de suministro. Por ejemplo, la empresa de software EVRYTHNG y el fabricante de envases Avery Dennison han lanzado juntos una etiqueta para la ropa para que los consumidores puedan rastrear cómo se produjeron los artículos a lo largo de toda la cadena de suministros.

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La misión de EVRYTHNG

– Proveer a los proveedores orientación y recursos a cumplir con las nuevas normas laborales y ambientales y responsabilizarlos por los déficits de desempeño. Walmart, por ejemplo, ha hecho un compromiso público en el que para 2017, el 70% o más de los productos que obtenga directamente de los proveedores provendrá de fábricas con planes de gestión energética. La empresa ofrece a sus proveedores herramientas de software para ayudarles a encontrar oportunidades para utilizar la energía y otros recursos de manera más eficiente.

La demanda mundial de prendas de vestir parece destinada a aumentar en la próxima década, ya que millones de personas en los países en vías de desarrollo están ascendiendo a clase media, por lo que gastan más dinero en ropa. Mientras esto presenta una oportunidad tremenda para las empresas de moda, puede ser un riesgo para las empresas que optan por no lidiar con los riesgos sociales y ambientales de los procesos de producción de bajo coste. Esos riesgos podrían llegar a ser aún más constantes con el tiempo: a medida que la generación millennial gane poder adquisitivo, sus grandes expectativas de que las empresas operen de manera sostenible podría tener una gran influencia en las tendencias de las compras. Los métodos de producción que son más sostenibles pueden costar un poco más, pero también pueden estimular la innovación y proteger a las empresas de los choques de la cadena de suministro y los riesgos de reputación, lo que resulta una mayor resiliencia y rentabilidad.

Fuente del artículo: McKinsey&Company

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