Emprender, el sendero de baldosas amarillas

BLOG DE MODA SOSTENIBLE, WIN: EMPRESA SOSTENIBLE DE MODA

Cuando una palabra se repite demasiadas veces parece que empieza a perder su valor, su sentido, y se vacía inevitablemente de significado. Esa es la impresión que tengo sobre este verbo archirepetido en los últimos tiempos. Pero permíteme sobrevolar una pequeña introducción antes de llegar a él.

En la actual situación de crisis económica global, a España le ha tocado sufrir más que a otros países europeos, y en relativamente poco tiempo, una pérdida de progreso general que ha afectado de manera salvaje al llamado mercado laboral.

La vida de muchas personas como tú y como yo se ha visto seriamente alterada. Para quienes han perdido su trabajo está siendo durísimo el día a día. Los jóvenes a los que ha sorprendido en el momento de su incorporación al trabajo han de enfrentarse a la nueva y precaria situación. Y también hay quien ha visto en esta circunstancia la oportunidad de cambio que estaba esperando en su vida.

En medio de todo surgen nuevas necesidades para adaptarse, reinventarse u orientarse hacia nuevos desafíos. Nuevas tendencias y especializaciones, otros nichos y modelos de negocio requieren de nosotros (me incluyo en el tercer grupo del párrafo anterior) una formación y especialización diferente de la que exigía el mercado hace pocos años.

Para algunos, vengamos de donde vengamos, seamos de un grupo u otro, arrastrados por uno u otro motivo, aparece la disyuntiva de crear o no nuestro propio empleo desarrollando nuestras capacidades y talentos e iniciando un camino de baldosas amarillas que nos convierte en eso que se denomina emprendedores.

Y llegamos a la palabreja: EMPRENDER.

Me topo con la definición académica, que en dos de sus acepciones, sería la siguiente: 1. “Acometer y comenzar una obra, un negocio, un empeño, especialmente si encierran dificultad o peligro”; 2. “Tomar el camino con resolución de llegar a un punto”.

Casi nada. Se me ocurre analizar y pensar un poco. Reescribo. Se podría deducir que hay que ser persona de acción (para acometer y comenzar) con valentía y seguridad (para afrontar la dificultad y el peligro) y con energía y objetivos claros. ¡¡Wow!! ¿En serio? ¡Madre mía! ¿Quién cumple estos requisitos?

Lanzo la pregunta ¿el emprendedor nace o se hace? ¿Todos podemos convertirnos en emprendedores? Porque, a juzgar por el volumen de negocio que rodea el universo emprendedor, parece que pudiera ser así.

Hay tantos tipos de emprendedor como de persona. Es muy diferente emprender por necesidad, por obligación o por vocación, pero nos une la responsabilidad de buscarnos la vida adentrándonos en un mundo desconocido. Iniciamos ese recorrido por el sendero de baldosas amarillas con los chapines de rubí (sueños, ideas, ilusión, libertad o liberación, en algunos casos), pero también desnudos, vacíos, temerosos y con mucha presión. Oímos hablar de canvas, misión, objetivos, planes de negocio, financiación, estrategia, branding… palabras desconocidas y que en ocasiones nos dan verdadera urticaria o terror cuando imaginamos ese bosque donde nos espera el lobo feroz.

El éxito de nuestro emprendimiento supone la peculiar Ciudad Esmeralda que buscamos con la ayuda de formadores, facilitadores, colaboradores, asesores, mentores, gestores, familiares y amigos. Cual Dorothy, esperamos conseguir con cada decisión, cada acierto o error un cerebro, un corazón y una buena dosis de coraje.

Con los pies en la tierra, aporto datos que me llevan a la reflexión. Según el Observatorio de Clima Emprendedor 2013, la inmensa mayoría de quienes han emprendido, y pese a que España no fomenta la creación de empresas, creen que la situación actual es una oportunidad para emprender. Concluyen que la autonomía, la autoestima y el autoempleo junto con la satisfacción de crear puestos de trabajo son lo mejor de haber puesto en marcha un negocio. Pero esta es la cara. La cruz es la decepción ante la falta de dinero, liquidez y ayudas, la financiación, las cargas fiscales… demasiadas obligaciones para ponerlo en marcha y para la continuidad. Además de estas demandas de tipo económico, son muchos los emprendedores que reclaman formación, ayudas a la externalización y también para la creación de centros coworking que fomenten el emprendimiento. Aún con este panorama parece que este tema sigue “in crescendo” ¿por qué?

 

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El gran negocio del emprendimiento

No soy una experta en ello, sólo voy a apuntar ciertas cosas en base a mi propia experiencia desde que estoy on the road pero, sin ánimo de generalizar, intuyo un cierto oportunismo sobre el asunto,viendo la ingente oferta de convocatorias, cursos, publicaciones y eventos que podemos encontrar tanto en el mundo virtual como en el real. En cambio, realmente no es fácil conseguir una verdadera orientación, formación y asesoría de calidad en los primeros pasos en que vienes de la nada o todo lo contrario, cuando ya llevas un tiempo peleándolo y no sabes cómo seguir.

La mayoría de iniciativas vengan de lo público o de lo privado parecen dirigidas a lanzar ideas y proyectos, que parecen obligados a ser frescos, innovadores y destinados a dar el pelotazo emprendedor especialmente en proyectos tecnológicos. Mientras Bill Gates, Zuckerberg o los creadores de Google sean los modelos a seguir, se premiará lo excepcional, pero no se trabajará para conseguir que emprender no sea algo extraordinario, sino una manera digna de aportar a la sociedad y al mundo lo mejor de nosotros mismos haciendo aquello que más nos gusta.

Hay mucho de cinematográfico en aquello de crear empresas desde un garaje o la cafetería de la universidad pero, hablando con empresarios que llevan toda la vida te das cuenta de que, para hacer de tu sueño un motor de riqueza o bien común hay que esforzarse y reiventarse cada día. Y no hay nada escrito. Ser emprendedor (empresario está peor visto) es ser un apagafuegos y un solucionador de problemas también, y eso no lo enseñan en las escuelas de negocio.

Ignacio Pérez Dolset, uno de los emprendedores tecnológicos más importantes de España y creador del videojuego más vendido de la historia, comentaba en el último congreso E-coned que “los concursos y premios de emprendedores son un engaño, no son el modelo”. Y en su ponencia también confesaba sin pudor haber iniciado muchas empresas sin hacer un solo número.

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No es necesario que todos seamos emprendedores. Me molesta sentir esa presión que confirmo en innumerables conversaciones con otras personas en mi misma situación. Y me pregunto ¿por qué nos la presentan como la única opción? ¿Por qué fomentar sólo y exclusivamente este modelo, cuando la cultura emprendedora nos es extraña y nunca ha interesado en este país (todo lo contrario que en EE.UU, por ejemplo)? Hay otras posibilidades, aunque ahora mismo estén prácticamente fulminadas del espectro laboral, como las planteadas por la economía social, como las cooperativas o asociaciones, por ejemplo.

Es cierto que, como en casi todo, nos falta información y formación. Perder el miedo a contemplar otras alternativas que pueden ser también ser el camino para muchos. Esas fortalezas que descubrimos en nosotros, ese saber hacer del que somos capaces, podemos desarrollarlo no únicamente en la soledad de nuestro proyecto. El ser humano es social por naturaleza y tiene una gran capacidad de hacer cosas juntos ¿por qué tantos microproyectos que quieren lo mismo?

No es fácil, no hemos tenido oportunidad de desarrollar nuestro talento en compañía porque el sistema educativo no nos enseña a valorarnos y valorar al otro, a entender qué podemos y queremos aportar de valor, a trabajar en equipo, a analizar, definir objetivos, sistematizar el conocimiento, a saber escuchar, comunicar, repartir tareas… esta casi todo por hacer.

Pero en definitiva emprender es aprender. Y concluyo. Si estamos seguros del objetivo y queremos desarrollar o aportar, entre las opciones de formación en moda sostenible en español Slow Fashion Next es una buena opción. Y lo digo desde la experiencia propia y desde la indagación en el mercado. Es completa, global, ofrece la mejor relación calidad/precio y es apropiada para distintos perfiles profesionales y niveles de conocimiento. Puedes consultar los cursos en marcha en su web y muy pronto habrá una oferta más amplia y diversa que garantiza una inversión de futuro.

Es importante y motivador generar debate para intentar avanzar también en la moda sostenible. Desde lo que observo, vivo y siento te invito a la reflexión y al diálogo. Si te sientes reflejad@ en algunas de los temas que apunto me encantará que me lo hagas saber. ¿Hablamos?

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4 Respuestas a
  1. Avatar

    Muy de acuerdo con muchos puntos Angels, no todo el mundo debe ser emprendedor/a, es un concepto demasiado manido, un concepto que se ha “utilizado” y del se ha “abusado”.
    Creo que la base del emprendimiento es trabajar, trabajar y trabajar.
    En este país es muy complicado, nos sangran a impuestos y complicaciones burocráticas, y producir localmente es practicamente “inviable”, son muchos factores que deben de cambiar desde la educación (enseñarnos a que crecer no es sólo individualmene, a que el beneficio no es sólo personal si no comunal-grupal…), recuperar oficio, infraestructuras que faciliten el trabajo a los emprendedores, y buenos profesionales que nos ayuden a mover la marca.
    Gracias por el artículo

    1. Avatar
      Àngels Biosca

      Es evidente, Garbiñe, que el trabajo, el esfuerzo y, añadiría, la experiencia conforman otro tipo de formación que debe tenerse muy en cuenta, y no sólo eso sino que debería ser un modelo a seguir por los que empiezan. Me alegra que coincidamos en la importancia, de nuevo, de educar en esos valores colectivos, que son fundamentales para llevar este planeta por buen camino y todo lo que queramos hacer no sólo lo podamos hacer en él, sino CON él.

      Muchas gracias por seguir el hilo del artículo con comentarios tan interesantes.nn1nn1

  2. Avatar

    Qué post tan interesante, Angels. Quizá sí añadiría que ser emprendedor, para mi, es una actitud. Una actitud que lleva implícitas varias aptitudes.
    Tanto la actitud como las aptitudes pueden -deberían- fomentarse y enseñarse en el cole. Porque ser emprendedor no tiene porqué implicar montar tu propio proyecto, sino que se puede intraemprendedor, es decir, ser proactivo, capaz de proponer dentro una empresa por cuenta ajena. Aunque para eso, los que estén al mando, deben saber escuchar. Y eso, es otra aptitud del emprendedor que también hay que enseñar desde pequeños.
    En resumen, para mi ser emprendedor es tener herramientas para poder dirigir un poco más la propia carrera profesional, esa que hasta ahora tenía una sola línea pero que, poco a poco, se está convirtiendo en un entramado de caminos por los que deberemos saber caminar.

    1. Avatar
      Àngels Biosca

      Estoy totalmente de acuerdo contigo, Neus, en que ser emprendedor es una actitud y me encanta tu aportación porque nos haces pensar en la importancia de la educación, ese gran caballo de batalla. Gracias por tus comentarios.

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