Por Laura Martínez Hortal, colaboradora de Slow Fashion Next y Directora de la Revista Gansos Salvajes

Cuando buscamos información sobre estilo y belleza lo que encontramos son recetas, prendas, detalles, tendencias y, en definitiva, productos de consumo que te aportarán ese extra que te falta a ti. De hecho, para las mujeres la belleza es muy accesible, para ser guapa solo tienes que seguir una serie de pasos que te acerquen al estándar establecido: Viste a la moda, hazte un peinado que te favorezca según la tendencia, sal siempre maquillada, aparenta menos edad de la que tienes, hazte algún tratamiento estético, conserva la línea, y si con esto aún no terminas de encajar, sólo tienes que ponerte en manos de un buen cirujano plástico. La receta es sencilla, seguirla da resultados, pronto llamarás la atención y te dirán que estás más guapa. Sólo necesitamos dinero, tiempo y esfuerzo. Pero no siempre fue así.

Cuando naciste eras un precioso bebé genuinamente magnético que provocaba la risa y la alegría a su alrededor sin esfuerzo. Al entrar en una habitación acaparabas toda la atención y todos, sin excepción, eran capaces de admirar tu belleza y gracia. ¿Qué has perdido en el camino? ¿Por qué ahora tienes que invertir tanto para no conseguir ni las migajas de aquella reacción?

Venimos de un paradigma social basado en el materialismo. La idea de fondo es “sólo existe lo que veo”. Pero lo cierto es que estamos muy relacionados con lo invisible incluso a nivel funcional. Lo usamos cada día al tener una conversación por móvil o al navegar por internet a través de ondas wifi. Aún así podemos seguir como si no existiera. Aunque la ciencia hace mucho que descubrió la existencia de un espectro no visible y sabemos que existe un campo electromagnético alrededor del cuerpo humano. A nuestra generación nos toca equilibrar, tenemos que vivir en un mundo material pero teniendo presente lo inmaterial.

Exactamente lo mismo ocurre con el atractivo personal. No es sólo una joya, una prenda o un peinado, por mucho que favorezca o por mucha belleza intrínseca que posea.

Elisa_muresan_1bFOTO: María Zafra Moda: Elisa Muresan

Lo que no se ve tiene una gran importancia a la hora de lo que transmitimos, el estilo proviene del carácter, es una sensación, un halo que nos antecede. La imagen que proyectamos está unida a cómo nos sentimos y con quiénes somos realmente. La belleza refleja el tipo de relación que tenemos con nosotras mismas, con el amor que nos tenemos.

Y aquí va el secreto, aquello que se oculta en nuestra sociedad. La belleza y la atracción son directamente proporcionales a nuestra energía vital o sexual. Para ello se hace necesario recuperar el contacto con nuestro cuerpo, que es donde reside la sensualidad y la capacidad de placer.

Todo en la naturaleza es elegante, los juegos de atracción gravitatoria en el universo o el crecimiento de las platas se dan de forma acompasada y sensual. Pero a los seres humanos, y en especial a las mujeres, no nos queda ni rastro de nuestro movimiento auténtico en la edad adulta. Separamos la vida en áreas y dejamos el placer para momentos y situaciones puntuales y del mismo modo separamos la emoción y las actividades mentales. Aprendemos a distanciarnos de la experiencia y a filtrarla siempre por la mente dejando a un lado el disfrute y el cuerpo.

FOTO 2FOTO: María Zafra Moda: Elisa Muresan

Y no es de extrañar. Hemos sido educadas en la separación mente-cuerpo-emoción. Durante un gran número de años hemos sido instruidos para trabajar la mente olvidando el cuerpo y reprimiendo lo que sentimos. Obligados a mantenernos sentados y quietos durante muchas horas, instruyéndonos sólo en la adquisición de conocimientos y habilidades a nivel mental dejando a un lado el contacto con la experiencia y la emoción.

Así que nos movemos por el mundo con rigidez, dentro de una estructura muscular acorazada y reforzada por los chutes continuos de adrenalina y cortisol que son los frutos del estrés que generamos en gran parte sólo por la excesiva actividad mental.

¿Cuánto tiempo hace que no andas contoneando tus caderas, que no te mueves con conciencia de tu cuerpo y del placer que te produce el roce de tu piel o del tejido?

¿Te concedes todos los días un espacio para relajar tu cuerpo y tu mente? ¿Sientes tu cuerpo cuando estás delante del ordenador? ¿Está incluida la experiencia sensorial en tus quehaceres diarios o sólo cuando vas al gimnasio?

Hemos confundido autocuidado con consumo, con tratamientos y productos que intoxican nuestras células, con cirujias peligrosas e innecesarias…Tenemos que desandar un gran camino y desanudar confusiones. Lo natural en nuestra sociedad es confundir el cuidado del cuerpo con el cuidado de la imagen. No discutiría con nadie sobre el poder de la imagen, ya sabemos lo importante que es la primera impresión y hasta que punto tu imagen puede dar o quitar credibilidad a tu mensaje. Estoy totalmente a favor de dedicarle atención, pero no de vivir esclavizada por ella. Lo que no tenemos no podemos darlo, no podemos despertar atención en los demás si nosotras mismas no nos damos atención. Y desde ahí podremos dejar de entregar el poder a lo externo para poder irradiar belleza sin esfuerzo, con naturalidad y alineada con quien somos.

FOTO 3FOTO: María Zafra Moda: Elisa Muresan

Dedicarnos tiempo, mimo, cuidado e invertir en nosotras es parte de la expresión del amor que nos tenemos. El camino es justo el contrario al que hemos creído. Se trata de cultivar lo interior para que el exterior sea un reflejo de ese respeto que tienes por ti misma. Pero es importante hacerlo por los motivos correctos. No cuidarme para ser aceptada y estar mas guapa, sino cuidarme porque valoro mi cuerpo y voy a favor de la vida que fluye a través de él. No ponerme ropa para que me complete desde el exterior, sino vestirme porque me siento completa, disfruto embelleciéndome y compartiendo mi belleza. Y desde ahí podremos elegir con tiempo y conciencia prendas que vayan a favor de la humanidad y del planeta. Es una sutileza importante.

El camino pasa por aumentar la conciencia sobre nuestro cuerpo, darnos permiso para el placer y el disfrute, tomar nuestras emociones como guía, hacer mas aquello que nos llena y nos da placer, compartirnos con los demás, darnos espacios diarios para relajarnos, movernos con sensualidad, llevar atención de vez en cuando a nuestros genitales donde siempre hay placer. Estar llenas de nosotras mismas!! 

 

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