Por María Eugenia Maurello colaboradora de Slow Fashion Next.

Foto de Portada: Realizado en base al savoir-fare, así recuperan los gestos ancestrales. Crédito: Marc Bayard.

La ciudad de Buenos Aires se vistió de lujo. El martes 27 y el miércoles 28 de septiembre fue sede del Coloquio Franco- Argentino “El slow made: el lujo del futuro”.

Y, en este caso, qué bien que viene la redundancia en la mención del lujo. Porque se trata del lujo en términos del consumo consciente. Del lujo que se aparta de la compra a destajo y la acumulación de productos. Del lujo que intenta otra valoración de las cosas y principalmente que atiende a recuperar los gestos tradicionales.

El encuentro que fue organizado por el Centro de Estudios para el Lujo Sustentable, comandado por el experto en sustentabilidad Miguel Angel Gardetti, la Embajada de Francia y el Institut Francais Argentine, contó con la presencia de destacadas personalidades que hacen a los saberes académicos, artísticos, artesanales y de diseño; Marc Bayard, historiador y creador del movimiento conocido como Slow Made, Hervé Barbaret, director de Mobillet Nacional y de Manufacturies Nacionales des Gobelins, de Beauvais y Savvonerie, Nicolas Marischael, orfebre y Sebastien Cordoleani, diseñador; todos ellos provenientes del país galo. Por Argentina participaron: Susana Saulquin, licenciada en Sociología, diplomada en Antropología social y política (FLACSO), Juan Carlos Pallarols, orfebre, los artistas Ghiaccio y Gianonne, el diseñador Marcelo Yarussi y representantes de la ya clásica firma de calzado Correa.

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Uno de los tapices realizados en el contexto del Slow Made, como parte de la decoración de un salón parisino. Crédito: Marc Bayard.

 ¿Qué es el slow made? Según sus propios creadores es una iniciativa, devenida en movimiento, que nació en el 2012 y que principalmente propone un grupo de reflexión (think tank) y que realiza tareas de concientización y de promoción de los oficios creativos que cumplen con seis valores fundamentales:

  1. La investigación.
  2. El gesto (fabricación acorde al savoir-faire).
  3. La práctica (desarrollo sustentable).
  4. La transmisión (comunicación de valores culturales).
  5. La apropiación (fomento de la compra responsable).
  6. El precio justo (apreciación de los tiempos de creación y concreción).

El Slow Made propicia una economía de la creación y analiza, además, cómo las industrias creativas se vinculan con los productos premium.

“Se trata de dos palabras que definen una filosofía de vida” expresó el propio Bayard durante el evento y explicó que, al momento de encontrar una traducción amigable, del inglés al francés, los hacedores del termino slow made deslindaron toda idea de lentitud y prefirieron hablar de aquello “hecho con el debido tiempo”.

Justamente el tiempo es uno de los puntos centrales de este movimiento que en sus tres años de historia ya logró que marcas de renombre mundial como Lois Vuitton o Hermés abran sus talleres y muestren de qué se tratan los oficios que intervienen en el desarrollo de sus productos. ¿Para qué? Para que el consumidor –de lujo- tenga plena conciencia respecto de los saberes que hicieron posible que valijas, carteras, zapatos, entre otras cosas, lleguen finalmente  a las tiendas.

“Del Slow Made me llamó mucho la atención que es el arte de vivir en una sociedad desafiada en cuestiones de producción y consumo, y que propicia una economía de la creación, más virtuosa y más justa, que ubica al ser humano y a sus valores en el centro del sistema” se sinceró Gardetti durante la ponencia.

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Marischael trabajando en su atelier. Él pertenece a la tercera generación que hereda este oficio. Crédito: Antoine Brun

Esa ida y vuelta de los saberes académicos y sociales entre Francia y Argentina que dio apertura al coloquio, continúo con las presentaciones de los artesanos, artistas y diseñadores convocados. Tal fue el caso del orfebre Nicolas Marischael que aprovechó los saberes heredados de su padre y de su abuelo que fusionó con diseñadores contemporáneos para lograr desarrollos conjuntos en lámparas y otros objetos. “Conocerlos fue muy importante, mi pensamiento cambió gracias a ellos” dijo  Marischael de sus nuevos compañeros en esta aventura de la recuperación.

En definitiva, todos, artesanos y diseñadores, trabajan incansablemente, con el propósito de encontrar una forma de producir que rinda homenaje a lo ancestral, a lo propio, a los orígenes y que esté en la búsqueda, constante, para salir de la obsolescencia programada y entrar en la perennidad programada y recuperar el “gesto de nuestros abuelos” tal cual lo sintetizó Bayard.

* Todas las imágenes han sido cedidas por la organización del evento “Slow Made: el lujo del futuro”.

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