Mujeres y maquilas, la unión desigual que se esconde detrás de la ropa

Por el equipo de Oxfam Intermón.

Imagen de Portada: Trabajadoras en una maquila nicaragüense © Mathieu-Etienne Gagnon / Oxfam Intermón.

No fijarnos en la procedencia de las prendas que usamos, o no interesarnos por indagar si las marcas fabricantes siguen estándares respetuosos con los derechos humanos, conlleva que estemos perpetuando que la industria textil se pueda favorecer de la existencia de maquilas, y que las mujeres trabajadoras sufran las consecuencias.

Prerebajas, rebajas y ahora Black Friday o Cyber Monday. Días para saciar el gusanillo compulsivo de la moda con compras y más compras de prendas y complementos de todo tipo con los que estar a la última.

Pero… además de fijarte en el precio o si han aplicado correctamente el descuento, ¿alguna vez te paras a pensar en cómo se fabrica esa prenda? ¿Indagas si la marca respeta los derechos de sus trabajadores y trabajadoras? ¿O en si emplea argucias fiscales para no tributar lo que le corresponde?

Hoy te damos una poderosa razón para que te fijes en todas estas cuestiones. ¡Las mujeres trabajadoras de la industria textil pueden verse muy perjudicadas por sus prácticas! Veamos de qué manera.

 

Identifiquemos primero el problema: ¿qué son las maquilas?

Las llamadas ‘maquilas’, en las regiones de América Latina y el Caribe, son las conocidas como zonas francas o zonas económicas especiales. Se trata de espacios geográficos que cuentan con importantes ganchos legales para atraer la inversión exterior.

 De ahí que en esas zonas se aglutinen las fábricas textiles, pues les resulta muy ventajosa la producción de prendas y otros artículos textiles destinados a la exportación.

Trabajadoras en una maquila nicaragüense © Mathieu-Etienne Gagnon / Oxfam Intermón

 

Algunos caramelos para seducir a las grandes marcas multinacionales de la moda

La legislación es mucho más flexible dentro de una zona franca, por ello las empresas no tienen ningún temor ante las prácticas laborales abusivas que desarrollan, porque saben que están amparadas y no están incumpliendo con la regulación.

Por ejemplo, cuentan con estímulos fiscales como puede ser la prórroga o incluso dispensa en los derechos de aduana, en los impuestos sobre la renta o las ventas, ayudas por la contratación de personal del área local o un bajo tipo nominal del impuesto de sociedades, entre otras.

Si a esto le añadimos unos salarios precarios y una mano de obra que no está sindicada, ¡conseguimos la golosina que algunas empresas desearían saborear!

 

El cóctel final: unos textiles sin ética que acaban con los derechos de las mujeres

Las mujeres son mayoría dentro del personal que conforman las maquilas, y son ellas las que más sufren este tipo de regímenes. ¿Te preguntas por qué?

No tienen garantizados sus derechos y tienen que soportar unas condiciones profesionales pésimas, con jornadas dilatadas u objetivos de producción totalmente abusivos, además de percibir unos sueldos tan bajos que nos les permiten asegurar las necesidades básicas familiares.

Los puestos laborales que les ofrecen son de baja calidad, lo que condiciona a este colectivo a vivir en situación de inseguridad social y económica.

Además, hay una palpable desigualdad de género que se materializa en unos sueldos superiores para los varones y la perpetuación de los estereotipos que conduce a que ellas desempeñen mayoritariamente funciones relacionadas a la producción, mientras que ellos se encargan de tareas administrativas, de supervisión o técnicas.

Trabajadoras en una maquila nicaragüense © Mathieu-Etienne Gagnon / Oxfam Intermón

 

Mujeres a las que arrebatamos derechos y hacemos vulnerables por querer vestir a la moda

Liliana tiene 27 años, es madre de dos hijos y trabaja desde los 18 en una maquila, asumiendo jornadas laborales de incluso 24 horas ininterrumpidas.

Estrella tiene 59 años y fue operaria de una maquila durante 14 años. Ahora padece problemas de columna y sinusitis debido a los movimientos repetitivos y la inhalación de pelusas del corte de los tejidos. Allí no se usan mascarillas.

Roberta es madre de cuatro hijos, y su trabajo durante 7 años en una maquila inspirando pelusas provocó que su primer bebé naciera con una afección crónica. Ella está incapacitada profesionalmente debido a sus dolencias.

Debemos asumir que, con nuestras acciones, estamos precarizando la vida de muchas mujeres trabajadoras de las maquilas y contribuyendo a que padezcan enfermedades asociadas a las maniobras tan repetitivas de sus trabajos o a las condiciones insanas que en estos se desarrollan.

¿Dónde queda aquí nuestra honestidad? Te invitamos a ser responsable en tus compras y a hacer un esfuerzo por comprender lo relevante que es garantizar que se cumplan los derechos humanos para todos y todas sin condición. Si quieres saber cuáles son y descubrir lo que está en tus manos para protegerlos, esta guía gratuita te puede ayudar. ¡El cambio empieza hoy!

* Aprovechamos para invitaros a recordar nuestro post “¿Se puede cambiar el sector textil? El Comercio Justo“.

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